miércoles, 9 de marzo de 2011

Síntesis: La relación entre el ascetismo y el espíritu capitalista


En este capítulo,  Weber describe más detalladamente la relación entre las ideas piadosas del ascetismo protestante y las ideas claves del espíritu económico capitalista. Ante la imposibilidad de mirar el protestantismo de manera global, acude a dos de los escritos[1] de Richard Baxter, hombre representativo del puritanismo inglés. Estos  se clasifican dentro de los escritos teológicos inspirados directamente de la cura de almas. La cura de almas era un ejercicio en el cual operaban las fuerzas religiosas  determinantes en la formación del carácter de los hombres. Baxter, según Weber, fue quien sentó las bases para el concepto de profesión y sus escritos tuvieron aceptación universal. Por ello W lo consideró como representante adecuado para estudiar la relación entre el ascetismo protestante y el espíritu capitalista.
Lo primero que observa al  analizar los textos en cuestión es: “nos parece inaudito el énfasis puesto en los factores ebioníticos del Nuevo Testamento, (5) al manifestar cualquier opinión acerca de la propiedad y su consecución. (6)[2]” Supongo que hace referencia a las desviaciones que hace el protestantismo en relación con las ideas religiosas medievales (para Sto. Thomás el trabajo no era una obligación, solo debían trabajar quienes lo necesitasen)[3]:
1.       El trabajo es un mandato divino para todos. Esta idea aún no estaba muy radical en Lutero, pero en el s. XVII sí, al punto de tener efectos psicológicos de suma importancia en el carácter de los seguidores.
2.       Eliminación de la ambición “destruir toda ambición por hacerse rico mediante los bienes materiales”, se censura el deseo de amasar bienes, porque en la riqueza se corre el riesgo del goce, el sensualismo. Nada de goce y placer; sólo obras.[4] (esta idea se radicaliza, pues en Calvino no era tan rigurosa, él no veía tan peligrosa la riqueza)
3.       Desde el punto de vista espiritual se arraiga el principio del tiempo como dinero expresado siglos después por Franklyn.[5]
4.       La forma de trabajo que agrada a Dios es la que se hace en el marco de una profesión estable desempeñada con juicio y disciplina[6]. Con ésta se logra superar la tentación. [7]  Así se anuncia la idea moderna de especialización.[8]
5.       Contradicción: se trata de abolir la ambición, pero se prescribe la acumulación de riqueza.[9]


Influjo directo en el modo de vida capitalista del concepto puritano de la profesión y la idealización de un comportamiento ascético.
1.       Contra el placer y el regocijo.[10]
2.       Actitud frente a los bienes de la cultura; buena actitud frente a la ciencia, pero negativa frente al arte[11], las diversiones profanas, las supersticiones, lo mágico, la celebración de la nochebuena, la expresión artística de la iglesia, etc. (excepto en Holanda), condenaban el arte teatral, las manifestaciones eróticas.
3.       “Condensando, diremos que el ascetismo laico del protestantismo obraba contra el placer despreocupado de la abundancia, usando la potencia al máximum, y ahorcaba el consumo, principalmente de artículos lujosos; por otra parte, psicológicamente aniquilaba, sin embargo, todas las sujeciones que la ética tradicional ofrecía al deseo de la riqueza, destruía todos los eslabones del anhelo de lucro pues, aun cuando no lo legalizaba, lo tenía conceptuado como mandato de Dios (con el significado expuesto). La pelea entablada contra el sensualismo y el apego a la riqueza no iba dirigida hacia el lucro racional; se trataba de dar el golpe al uso irracional de la riqueza.” 102-103
4.       Contradictorio; desea el bien pero  no deja de crear el mal.[12]
5.       Más que contribuir a la formación de capitales, contribuyó a la creación de un ethos; el del hombre económico y con ello influyó indirectamente en la formación del capitalismo moderno occidental, tal como lo describió Franklin.[13]
 “especialistas desprovistos de espiritualidad, gozantes desprovistos de corazón: estos ineptos creen haber escalado una nueva etapa de la humanidad, a la que nunca antes pudieron dar alcance”
“En suma, sería interesante no perder de vista su proceso histórico, tomando como punto de partida los indicios, en tiempos del medievo, de un ascetismo laico hasta que éste se pierde en el utilitarismo, por entre las diversas esferas sobre las que desplegó su acción el ascetismo piadoso. Únicamente así sería factible demostrar absolutamente la proporción del extraordinario alcance ilustrativo del protestantismo ascético con respecto a otros factores plásticos del actual mundo civilizado.” (109-110)



[1] “Christian Directory, el compendio más extenso que se haya logrado de la ética puritana, el cual se refiere en general, a todo aquello que es requerido prácticamente para la cura de al mas.”  Y  Eterna paz del Santo de Baxter.
[2] Muy receptivos al antiguo testamento, en cuanto a la propiedad.
[3] Vemos aquí con toda claridad cómo las concepciones medie vales se han desviado.
[4] La abundancia acarrea en sí un riesgo enorme, los impulsos que inducen a obtenerla son continuos y el suspirar por ella, (7) además de ser absurdo por confrontación con la ilimitada supremacía del reino de los cielos, es también moralmente reprochable.
[5] “…el primero y más importante de todos los pecados es el derroche del tiempo: la durabilidad de la existencia es demasiado breve y hermosa para consolidar nuestro sino. Desperdiciar el tiempo en la vida social, propalando murmuraciones, (10) en la opulencia, (11) inclusive, entregándose al sueño por más tiempo del que requiere la salud corporal, esto es, de seis a ocho horas, a lo sumo, (12) es del todo reprochable en cuanto a lo moral.”
[6] En torno a ello, Baxter hace oportunas consideraciones que por varias veces, en más de un aspecto, nos traen a la memoria los bien sabidos encomios de la división del trabajo emitidos por Adam Smith. (32) El hecho de que las profesiones con especialidades proporcionen al trabajador la habilidad (skill), origina un ascenso tanto cuantitativo como cualitativo del trabajo rendido y redunda en beneficio de la comunidad (common best) que viene a ser igual en favor de la máxima parte posible. El motivo que induce a la realización es, pues, incondicionalmente utilitario y afín por entero a entendimientos ya comunes en la literatura puramente secular propia de la época. (33) De ahí que el revestimiento puritano aparezca en el momento en que Baxter expone a la cabeza de todos sus razonamientos este argumento: “si el hombre no cuenta con una profesión estable, cualesquiera de los trabajos que realice serán estrictamente accidentales y fugaces; como quiera que sea, destina más tiempo a la ociosidad que al trabajo”; de donde se infiere que “aquel (el trabajador profesional) ejecutará ordenadamente su tarea, en tanto que el otro permanecerá en constante desorden, y para su negocio no habrá tiempo ni espacio. . .; (34) por ende, lo más adecua do para cada quien es contar con una profesión estable”
[7] Ante la tentación sexual, así como la duda o la ansiedad religiosa, se recetan varias curas: dieta moderada, alimentación vegetariana, baños fríos; pero, en especial, esta máxima: “trabaja tenazmente en tu profesión”.
[8] La especialización que en la actualidad impera en el mundo ilumina moralmente con un resplandor magnificente esta reiterada predicación puritana del valor ascético de la profesión estable,
[9] La opulencia es únicamente condenable cuando induce a la holganza corrupta y al placer sensual de la vida, y el afán de enriquecerse tan solo es malo si lleva implícito la seguridad de una vida indiferente y confortable y la fruición de todas las concupiscencias. Sin embargo, en calidad de práctica del deber profesional, además de ser moralmente lícito, constituye un mandato prescrito.
[10] El disfrute licencioso de la vida, distante del trabajo profesional tanto como de la religiosidad, era el antagonista del ascetismo racional bien sea que se mostrase aquél como recreo “señorial” o como la asidua concurrencia del hombre común al baile y a los bares. (62)
[11] El panorama en el campo de la literatura, sin incluir el de la ciencia, (64) y del arte es, indudablemente, distinto. Al ascetismo se le debe, aquí, el hecho de haber asfixiado el júbilo de la vieja Inglaterra
[12] Por lo que se refiere a la fecundación de bienes, el ascetismo se enfrentaba por igual a la falta de lealtad que a la ambición de riquezas por el solo instinto. Únicamente esto era lo que el ascetismo condenaba como covetousness, como mammonismo, etcétera, pretender la abundancia con la sola y exclusiva finalidad de enriquecerse. La riqueza, considerada en sí, es una tentación. Lamentablemente, de ahí se desprende con claridad, el ascetismo operaba con el rigor semejante al que “siempre desea lo bueno y nunca deja de crear lo malo” (se entiende por malo: la riqueza y sus tentaciones). De hecho, conforme con el Antiguo Testamento y de igual modo a la valoración ética de las “buenas obras”, además de aquilatar en el afán de la riqueza, como última finalidad, lo sumo de lo reprochable y, en contraste, un favor de la voluntad divina en el enriquecimiento, como producto del trabajo profesional, vio algo más importante, esto es, la valoración ética del trabajo constante, prolongado, de manera sis temática en la profesión, como vía ascética preeminente y en calidad de prueba verdadera y palpable de regeneración y de auténtica fe, que debía ser el más efectivo agente, para difundir el concepto de la vida que hemos denominado “espíritu del capitalismo”.

[13] Hemos intentado dar prueba de que el espíritu ascético del cristianismo fue el que originó uno de los factores que intervinieron, a su vez, al nacimiento del moderno espíritu capitalista y hasta de la propia civilización de hoy día, la racionalización del comportamiento en base al concepto de la profesión. Reflexionemos, una vez más, fijando la atención en el documento visto al principio de este trabajo, y que nos fue legado por Franklin, y se reconocerán estos factores inherentes de esa mentalidad a la que hemos nombrado “espíritu del capitalismo”, los mismos recién señalados, precisamente, constitutivos del ascetismo profesional puritano, (108) bien que sin la raíz piadosa que Franklin poseía. Ciertamente, tan pronto como el ascetismo traspuso el umbral de los claustros monacales a fin de integrarse en la vida profesional y regir la ética mundana, tomó parte, en la medida de sus posibilidades, en la erección de este colosal mundo de orden económico moderno, el cual, estando enlazado al estado técnico y económico de la productividad mecánica maquinista, señala en la actualidad, con una energía irresistible, el modo de vida de los seres que ven su primera luz en él sin exclusión de nadie, tomen o no parte con su actividad e, indudablemente continuará señalándolo por considerables años más, opinión de Baxter, la inquietud por la riqueza no había de abrumar lo más mínimo el ánimo de sus santos, a lo sumo sentirla tan ligera como si sobre los hombros se llevara “un manto fino que, en un momento dado, pudiese deslizarse hacia el suelo”. (110) Mas, el infortunio quiso que el manto se transformara en duro cofre. El ascetismo tomó con especial interés la transformación del mundo y estimó que en él debía realizarse; no es para sorprenderse que las riquezas de este mundo tuvieran un tan poderoso alcance progresivo y, en último caso, irresistible sobre la humanidad, desconocido enteramente en los anales a través de los siglos.


martes, 1 de marzo de 2011

Reseña: La ética protestante y el espíritu del capitalismo - Max Weber

http://html.rincondelvago.com/la-etica-protestante-y-el-espiritu-capitalista_max-weber.html
1-. Introducción.
Dentro de la sociología científica en la era preindustrial, Max Weber, junto con Emile Durkheim han sido considerados como máximos exponentes del pensamiento sociológico clásico, y más concretamente de los estudios que se han realizado en relación con la centralidad del trabajo.
“La ética protestante y el espíritu del capitalismo” fue publicado en 1901 en Alemania, en la revista “Archiv für Sozialwisses chaft und Sozialpolitik”. Max Weber, economista, sociólogo, filósofo y autor de esta obra, nació en Erfurt, Alemania, en 1864, comenzó a enseñar en la Universidad de Frisburg de Bringau en 1894 e incluso llegó a participar en la redacción de la Constitución de Weimar.
El tratamiento que éste infiere a sus obras, tiene un marcado carácter analítico, aunque siempre aborda los temas con una peculiar perspectiva. En su obra encontramos el tema de la multidimensionalidad de las clases sociales. Weber modificó la teoría marxista de la determinación de la clase por la posición de los individuos en relación con los medios de producción, e introdujo tres dimensiones a lo largo los cuales se estratifica socialmente a los individuos. Dentro del orden económico, éstos pertenecen a clases que se estratifican de acuerdo con el consumo de bienes.
La concepción weberiana de las clases económicas es, pues, más amplia que la marxista. Aunque no negó que el orden económico no determinase el orden social y político. La clase económica era percibida por Weber como algo importante, sobre todo porque era una causa de estatus, considerando que existía una fuerte correlación entre las posiciones de clase. Sin embargo, una vez un grupo ha obtenido un estatus elevado a través de cierto logro, sus miembros tienden a limitar las oportunidades de que otros individuos las sustituyan.
Al analizar el crecimiento del capitalismo industrial, (punto central de referencia de este trabajo), Weber sostenía que el mayor énfasis que se pone en el logro y el universalismo dentro del sistema de estratificación, debilita en vez de acrecentar la conciencia de clase entre grupos afines, oponiéndose así a la interpretación a la interpretación marxista. Y aunque Weber no centrase sus estudios en las clases sociales, al reconocer la multidimensionalidad de la estratificación social estableció las líneas maestras que guiaron los estudios no marxistas de la sociología moderna.
La obra de referencia en torno a la cual van a estar situados los estudios de este trabajo, es precisamente la obra de Max Weber “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”; esta obra pretende determinar la influencia de ciertos ideales religiosos en la formación de una mentalidad económica [...] fijándonos en el caso concreto de las conexiones de la ética económica moderna con la ética racional del protestantismo ascético; aunque todos los preceptos y teorías que en este trabajo se promulgan han sido superados por la sociología moderna y posmoderna, sin duda, esta es una obra que ayuda a comprender muchas de las derivaciones de la ideología occidental contemporánea.
2-. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. El problema
Weber comienza su exposición con una introducción que tiene como objetivo encontrar las raíces del capitalismo occidental, su desarrollo y busca las causas de la aparición de un espíritu del capitalismo como él lo llama, que no significa la avidez y el lucro a toda costa, sino el compromiso disciplinado con el trabajo, este espíritu se basa en combinar la ganancia de dinero mediante la realización de actividades económicas legítimas con un uso moderado de estos ingresos en cuanto al consumo personal.
Para tratar de situar el capitalismo, Weber busca las diferencias entre las culturas europea - occidentales y las orientales. Diferencia los rasgos de estas culturas en lo referente al pensamiento, arte, costumbres, órdenes políticos y sociales, etc.
Todos estos supuestos básicos de cada cultura, han sufrido en occidente y sólo en occidente un cambio importantísimo. A pesar de no ser la cultura más antigua (civilización), la China y la babilónica lo son; por ejemplo, es la única que ha utilizado estos rasgos culturales para crear un sistema político, económico y técnico único, sólo el occidente ha creado parlamentos con representantes del pueblo periódicamente elegidos, con demagogos y gobierno de los líderes como ministros responsables ante el parlamento; fuera de occidente, todo esto se ha conocido de modo rudimentario [...] y lo mismo ocurre con el poder más importante de nuestra vida moderna: el capitalismo (Pág. 8).
Una vez adoptado el punto de partida propuesto por la investigación de Max Weber, nos encontramos ante el hecho de intentar acercar esa actividad económica, a saber, capitalismo, a otras esferas de la estructura social, y más concretamente en relación con la religión.
Antes de continuar con la exposición, han de quedar soslayados dos aspectos importantes de la obra de Weber. El primero es, que para entender su síntesis final y para no interpretar mal muchas de sus afirmaciones, es necesario que se haga un esfuerzo para poder situarnos en los orígenes del capitalismo moderno, ya que, desde “el nuestro” actual, tan salvajemente desarrollado y extendido, no podríamos relacionar adecuadamente estos estudios con la realidad social alemana de principios de siglo. Y en segundo lugar, y quizá más importante aún, hemos de considerar esta obra a la luz de sus restantes trabajos, como aquellos sobre China, India e Israel cuyos análisis funcionalistas revelan sus resorte íntimos y muestran la interdependencia de cultura y sociedad Agraverhältnisse in Altertum 1901. Para una valoración de su trayectoria: An Intellectual Portrait. R. Bendix 1960. La sociología de Marx Weber de J. Freund 1968.
Hecho este inciso, podemos continuar diciendo que Weber no afirmó en parte alguna que la única causa del surgimiento del capitalismo fuera la ética protestante. Incluso si en algunos Weber sobrestimó la eficacia de las creencias religiosas en la conducta determinante en materias económicas, consideró ambas direcciones de influencias. Explica la anulación y desmoronamiento del capitalismo en el mundo antiguo en función de las estructuras de poder sin presentar la “ética económica” como un factor independiente.
Max Weber divide su obra en cinco partes donde desarrolla tres aspectos relacionados entre sí pero a la vez independientes. Estos apartados han sido dividido a su vez en otros dos, que ha llamado El Problema (1ª parte) y La ética profesional del protestantismo ascético (2ªparte).
El libro comienza haciendo una reflexión sobre un fenómeno observado por la prensa y la literatura católica alemana de finales del siglo XIX y principios del XX; y es, en sus palabras, el carácter eminentemente protestante tanto de la propiedad y empresas capitalistas, como de las esferas superiores de las clases trabajadoras; sugiriendo que este fenómeno se encuentra en los lugares donde el capitalismo ha sufrido un avance considerable y la sociedad se ha organizado en capas sociales y profesionales.
A continuación hace una reseña, desde mi punto de vista, muy inteligente y observadora, y se refiere al hecho de los motivos históricos que lo impulsaron: la adscripción a una determinada confusión religiosa no aparece como causa de fenómenos económicos, sino más bien como consecuencia de los mismos.
Tras la Reforma, se vislumbra en Alemania una “ruptura” con el tradicionalismo (concepto, éste, que se analizará más adelante), aunque esto no significó, en absoluto, la eliminación del poder eclesiástico sobre la vida; así se entiende la perdurabilidad de pueblos con una fisonomía económica moderna que soportan el dominio de la Iglesia católica la cual castiga al hereje, pero es indulgente con el pecador. El hecho de que, precisamente, los países económicamente más progresistas y aparentemente más reformadores, se viesen sometidos de forma tan clara a una tiranía puritana, hasta ese momento desconocida, centra el análisis de Weber y pone las bases para entender al mayor participación de los protestantes en la posesión del capital y la dirección de la economía. Se vislumbra así, el verdadero espíritu del capitalismo, el cual se ve presionado y encuentra en el protestantismo un lugar de desarrollo ideal.
A la hora de trazar las diferencias que pueden existir entre el catolicismo clásico y el protestantismo, Weber se refiere a los aspectos que delimitan su actividad social y son fiel reflejo tanto de la estructura social alemana, como de la forma de vida allí desarrollada. En un principio señala las diferencias que encuentra entre el tipo de enseñanza que dan a sus hijos los padres católicos con relación a los protestantes. Se desglosa en este aspecto que la formación católica es de tipo humanística, mientras que los estudios técnicos y para profesiones de tipo industrial y mercantil son cursados en número notablemente mayor por los protestantes. Este aspecto será de gran trascendencia para el estudio que sobre la profesión, haga Weber en posteriores capítulos.
Otra diferencia o elemento diferenciador, es que los católicos participan también en menor proporción en las capas ilustradas del elemento trabajador de la moderna gran industria, es decir, los católicos se inclinan más a seguir en el oficio, mientras que los protestantes se lanzan en número mucho mayor a la fábrica en la que escalan los puestos superiores del proletariado ilustrado y de la burocracia industrial.
Todos estos elementos nos llevan a postular que han sido siempre los protestantes (singularmente en alguna de sus confesiones, a saber, pietistas, mennonitas, calvinistas, etc., las cuales son descritas en la segunda parte de la obra con detalle), los que como oprimidos u opresores, mayoría o minoría han mostrado una tendencia más marcada hacia el racionalismo económico. La razón a estas conductas tan diferentes hay que buscarla, según Weber, en alguna característica personal determinada y permanente, y no sólo en un cierta situación histórico - político de cada confesión.
El protestante opta por comer bien, mientras que el católico prefiere dormir tranquilamente, este símil metafórico puede darnos una idea aproximada del impulso motivado que llevó al protestantismo a adelantarse en la moderna actividad económica capitalista. Pero si lo que se pretende es profundizar más, habrá que eliminar estas generalidades y habría que pensar que si toda esa supuesta oposición entre alejamiento del mundo, áscesis y piedad de una parte, y participación en la actividad capitalista de otra, no debería quedar más bien convertida en un íntimo parentesco.
Todos estos supuestos fallan cuando se da al mismo tiempo en una persona o colectividad, la “virtud” capitalista del sentido de los negocios y una forma de piedad intensa que impregna y regula todos los actos de la vida, y esto no se da aisladamente, sino que precisamente constituye un signo característico de grupos enteros de las sectas e iglesias más importantes del protestantismo, especialmente en el calvinismo, cuando éste se desarrollaba en un territorio con posibilidades reales de evolución capitalista.
Tiene razón Gothein cuando califica a la diáspora calvinista como el “vivero de a economía capitalista”.
A la hora de desarrollar el concepto de “espíritu del capitalismo”, Weber utiliza los principios, en forma de mofa de Benjamín Franklin y también incluye algún pasaje del filósofo Ferdinand Kürnberger al trazar el cuadro de la cultura americana en su libro Der Amerikanüde (Francfort 1855) como por ejemplo: de las vacas se hace manteca y de los hombres dinero; lo característico de esta “filosofía de la avaricia” es el ideal del hombre honrado digno de crédito y, ante todo, la idea de una obligación por parte del individuo frente al interés de aumentar su capital.
Se expresa así un verdadero ethos económico y justamente en esta cualidad es como se analiza. Con esta exposición llegamos a un punto determinante de la exposición, es que la ganancia pierde su sentido original como medio para la satisfacción de necesidades vitales, materiales del hombre, sino que más bien , éste debe adquirir, porque tal es el fin de su vida.
La ganancia de dinero toma aquí su acepción de representar, dentro del orden económico moderno, el resultado y la expresión de la virtud. El orden económico capitalista actual es como un cosmos extraordinario en el que el individuo nace y al que, al menos en cuanto individuo, le es dado como un edificio prácticamente irreformable, en el que ha de vivir, y al que impone las normas de su comportamiento económico, en cuanto que se halla implicado en la trama de la economía. (pág. 49).
El espíritu del capitalismo tuvo que luchar, en primer término, con una especie de mentalidad y de conducta que se puede designar como tradicionalismo. El tradicionalismo fue un hecho que no se dio en la clase trabajadora alemana; se prefería trabajar menos a cambio de ganar menos dinero; no se preguntó cuanto podría ganar al día rindiendo el máximo posible de trabajo, sino cuánto tendría que trabaja para seguir ganando lo justo para cubrir sus necesidades tradicionales, esto derivó, a que numerosos empresarios rebajaron los tipos de salarios para forzar a los trabajadores a trabajar más. El capitalismo siguió, y sigue en algunos sitios, esta ruta, y ha sido y es un artículo de fe que los salarios inferiores son productivos y que aumentan el rendimiento del trabajador.
Continuando con las causas que permitieron el surgimiento del capitalismo, Weber realiza otra observación acerca de la formación de las muchachas pietistas, las cuales poseen una específica formación religiosa. Comprobó que esta formación ofrecía la más favorable coyuntura para una educación económica. De aquí se deriva que es posible la consideración del trabajo como fin en sí, como profesión, que es lo que el capitalismo exige, entonces es cuando se vislumbran las posibilidades prácticas para superar el tradicionalismo que, el nuevo tipo de educación religiosa hace imposible. La persecución de la que algunas sectas protestantes, como los metodistas fueron objeto, no se debían a sus excentricidades religiosas sino por su específica docilidad para el trabajo.
Podemos inferir entonces que, el espíritu del capitalismo, tal y como se ha intentado describir no sólo formaba parte de los empresarios capitalistas del patriarcado comercial, sino más bien de las capas más audaces de la clase media industrial. Pero este nuevo espíritu no se introdujo de modo pacífico. Una ola de desconfianza, de odio más bien y de indignación moral envolvió de ordinario a los primeros innovadores. (pág. 69).
A pesar de todo el nuevo espíritu encarnaba cualidades éticas específicas, de distinta naturaleza que los que se adaptaban al tradicionalismo de los tiempos pasados; es curioso un dato que se obtiene y que ha sido corroborado por el paso de los años y de la implantación de todo tipo de variantes capitalistas, y es que, hoy, no sólo acostumbra a faltar una relación entre la conducta práctica y los principios religiosos, sino que, cuando la relación existe, es de carácter negativo.
El racionalismo económico fue un concepto ampliamente utilizado por Max Weber. Éste denomina racionalización, al sometimiento de la vida social a regulación precisa, a la extensión del cálculo exacto a la economía, y a la aplicación de los métodos científicos a la producción. La considera la tendencia más importante de la sociedad occidental, aunque afirma, al mismo tiempo que estos rasgos, que denomina formalmente racionales, entra con frecuencia en conflicto con la racionalidad material o satisfacción de la necesidad humana.
Este proceso de racionalización en la esfera e la técnica y la economía influye también sobre el “ideal de vida” de la sociedad burguesa: la idea de que el trabajo es un medio al servicio de una racionalización del abasto de bienes materiales a la humanidad, ha estado siempre en la mente de los representantes del “espíritu capitalista” como uno de los fines que han marcado directrices a su actividad. El racionalismo es, pues, un concepto histórico, que encierra un mundo de contradicciones, y es menester investigar de qué espíritu es hijo aquella forma concreta del pensamiento y la vida racionales que dio origen a la idea “profesión” y a la dedicación abnegada al trabajo profesional que era y sigue siendo uno de los elementos característicos de nuestra civilización capitalista. Max Weber centrará su estudio, una vez asentadas las bases que definen el movimiento económico, en este elemento irracional que se esconde detrás del concepto de profesión; para ello intenta definirlo desde su concepción luterana. Este es el punto álgido y tema central de su investigación y, por consiguiente, de este análisis de su obra.
Incluso en la misma palabra “profesión” (beruf en alemán y calling en inglés), existe alguna reminiscencia religiosa, que no es otra que la de la idea de ser una misión impuesta por Dios. La palabra nace precisamente de traducciones de la Biblia, y no del espíritu del texto original, sino precisamente del espíritu del traductor.
Lo verdaderamente innovador era considerar que el más noble contenido de la propia conducta moral consistía justamente en sentir como un deber el cumplimiento de la tarea profesional en el mundo. Este concepto sagrado de profesión se traduce a todas las confesiones protestantes. Su significación total se impuso a medida que fue creciendo su oposición a los “consejos evangélicos” del monaquismo católico dictados por el diablo. Aquellos círculos eclesiásticos que más entusiastamente ensalzan el hecho de la Reforma, no son en modo alguno amigos del capitalismo, en ningún sentido. (pág. 93).
En definitiva, lo importante aquí, es que el sentido religioso de la profesión era bueno para obtener con garantías la bienaventuranza, esto es, la vida eterna. Sucede entonces un hecho que Max Weber supo vislumbrar astútamente: “Resulta así que el tradicionalismo económico, que al principio es resultado de la indiferencia paulina, es fruto más tarde de la creencia, cada vez más fuerte en la predestinación que identifican la obediencia incondicional a los preceptos divinos.”
De este modo, el concepto de profesión, mantuvo en Lutero un carácter tradicionalista. Así, la profesión se convierte en aquello que el hombre ha de aceptar porque la providencia se lo envía, a pesar que en Lutero y en la iglesia que representaba, fueron muy inseguras las bases psicológicas para una ética racional de la profesión. La investigación que nos ocupa sufre ahora una transformación que comienza por investigar aquellas de las formas del luteranismo en las que, de modo más claro que en éste, se percibe la conexión de la conducta práctica en la vida con un punto de partida religioso; entre ellos están el calvinismo y las sectas puritanas. Puede entenderse de esta manera que el catolicismo haya visto su mayor enemigo en el calvinismo: su significación es evidentemente política, pero más curioso es el hecho de que sean también aborrecidos por los luteranos; ello se debe al singular matiz ético del calvinismo.
Llegados a este punto cabe preguntarnos hasta que punto han participado influencias religiosas en los matices y la expansión cuantitativa de aquel espíritu sobre el mundo, y que aspectos concretos de la civilización capitalista se deben a ellos. La investigación se centra ahora en establecer si ha existido, y en qué puntos, afinidades electivas entre ciertas modalidades de la religión y la ética profesional [...] y, por tanto, en qué medida los contenidos de la civilización moderna son imputables a dichos motivos religioso, y en qué grado lo son a factores de distinta índole. (pág. 107).
3-. La ética profesional del protestantismo ascético.
Para poder hacer un estudio profundo de las conductas de las sectas representantes del protestantismo ascético, primero han de estudiarse las características de éstas. Son fundamentalmente cuatro las sectas puritanas que más afectan en la investigación: El calvinismo, sobre todo en los principales países del occidente europeo en el siglo XVII; el pietismo que vio la luz por vez primera en el seno del calvinismo inglés y singularmente del holandés, a fines del siglo XVII, y debido a la acción eficaz de Spencer, se incorporó al luteranismo; el metodismo que surge en la mitad del siglo XVIII dentro de la Iglesia oficial anglicana de la cual se separa al pasar a América y cuya intención era la renovación del espíritu ascético; y las sectas nacidas del movimiento bautizante, ya sea el arminianismo en Holanda y Estados Unidos de carácter erasmítica o partidaria de la soberanía del Estado aún en los asuntos eclesiásticos; o el zuinglinismo que perdió casi toda su importancia y a la cual no nos referiremos en lo sucesivo.
El calvinismo es un sistema teológico que deriva su nombre de Juan Calvino. El calvinismo coincide con el luteranismo en la afirmación de la justificación por la fe de la Escritura como única regla de fe y de la ausencia de libre albedrío tras la Caída. Insiste de manera extraordinaria en la soberanía de Dios, el calvinismo desarrolló desde el inicio una serie de principios encaminados a evitar el poder absoluto y a controlar el ejercicio del poder político. De esta manera se convirtió en una de las líneas de pensamiento especialmente influyentes en la configuración de la democracia moderna.
El pietismo surge como movimiento espiritual en el siglo XVII en el seno del luteranismo alemán. Pretendía renovar la vida eclesial a partir de la oración y el estudio de la Biblia, sin separarse de la Iglesia donde había nacido. La influencia del pietismo pronto superó los límites del luteranismo y así puede apreciarse en los metodistas.
Los metodistas son miembros de las Iglesias más establecidas a partir de 1784 por John Wesley en ruptura con la Iglesia de Inglaterra. Si bien se consideran miembros de la Iglesia universal, no pretenden que su organización eclesial sea de origen divino. Practican el bautismo aunque insisten en la necesidad de la conversión para ser salvos. Históricamente, es decir, en el aspecto que más nos interesa, han enfatizado la necesidad de la evangelización, la obra social y la santidad personal. Actualmente, sus seguidores son muy numerosos, superando los cincuenta millones de personas, sobre todo en Estados Unidos.
El arminianismo fue un sistema que negaba la doble predestinación defendida por Calvino, sostenía que Cristo había muerto por todos y no sólo por los elegidos y defendía que la soberanía de Dios podía ser compatible con el libre albedrío del hombre. Fue condenado en el sínodo calvinista de Dort.
Los bautistas o baptistas conforman una de las confesiones protestantes más numerosas (actualmente unos 40 millones de miembros en todo el mundo). Su origen histórico hay que remontarlo a John Smyth, un inglés exiliado en Amsterdam que, en 1609 comenzó a utilizar el bautismo de los conversos como requisito para pertenecer a una Iglesia local. Smyth estuvo muy influido por los mennonistas, lo que relaciona a los baptistas con la Reforma radical del siglo XVI. En 1612 se fundó en Londres la primera Iglesia baptista inglesa. Durante el siglo XVII defendieron insistentemente la libertad de conciencia y junto con los presbiterianos e independientes llegaron a ser una de las Tres Denominaciones de Disidentes protestantes reconocidos legalmente en Inglaterra. Su teología es de clara orientación evangélica pero con algún énfasis específico como el bautismo de adultos.
Los mennonitas son anabaptistas a los que se ha relacionado con Menno Simons. Junto con los cuáqueros y Hermanos constituyen una de las tres Iglesias históricas de paz. Su teología es protestante pero se niegan a pronunciar juramentos y a participar en la guerra o servir en el ejército. Su número se acerca en todo el mundo al millón de personas.
Los cuáqueros han aportado consistencia humanitaria en la práctica totalidad de conflictos armados que se han producido a lo largo del siglo XX, habiendo recibido organizaciones cuáqueras el Premio Nobel de la paz en dos ocasiones. Surgen en la primera mitad del siglo XVII, defienden la necesidad de una relación personal con Dios. Imbuidos de un biblicismo radical, se negaron a participar en el ejército, pagar diezmos o jurar. Durante el siglo XIX, los cuáqueros se vieron muy influidos por el avivamiento evangélico inglés. En el siglo XX, un sector cada vez mayor de cuáqueros ha ido adquiriendo una identidad muy similar a la de las Iglesias evangélicas. Actualmente son una denominación protestante reducida (tres cuartos de millón) pero su influencia histórica ha resultado extraordinaria. A ellos se debe la fundación del primer Estado con tolerancia universal, la reforma de las prisiones, los inicios de la educación elemental, la lucha contra la esclavitud de manera pacífica y notables contribuciones a la literatura de espiritualidad que han trascendido los límites confesionales.
En un primer momento parece obvio prescindir en nuestra consideración tanto de los fundamentos dogmáticos como de las doctrinas éticas para atenernos exclusivamente a la práctica moral, pero esto no es posible pues van en íntima conexión. La primera y más importante idea religiosa que Weber toma en cuenta en su estudio es el calvinismo, por haber sido la determinante de cuantas luchas se llevaron a cabo en torno a la religión y la cultura en los países civilizados más progresivos, desde el punto de vista del capitalismo (Países Bajos, Inglaterra y Francia), durante los siglos XVI y XVII. Su dogma característico es el de la predestinación; Weber se centra en la situación histórica del dogma. Para los seguidores de religiones tan activas, el fenómeno del rendimiento religioso de la redención va unido con la seguridad de tener que agradecerlo todo a la acción exclusiva de un poder objetivo y nada al propio valer.
Para Lutero, los “designios inescrutables” de Dios eran la fuente exclusiva e irracional de la conservación de la gracia, y a medida que se vio impulsada a orientar en sentido realista su política eclesiástica lo fue relegando a un plano cada vez más secundario. Otra creencia consistía en que el mismo Cristo sólo murió por los elegidos, a los que Dios había decidido en la eternidad ofrecer el sacrificio de su vida. Este radical abandono (no llevado a sus últimas consecuencias por el luteranismo) de la posibilidad de una salvación eclesiástico - sacramental, era el factor decisivo frente al catolicismo. A diferencia del luteranismo, la confesión privada desapareció, contra la que el mismo Calvino sólo experimentaba algunos recelos por la posible falsa interpretación sacramental, no fue más que la eliminación del miedo de que la conciencia afectiva de la culpa pudiese reaccionar periódicamente. A primera vista, parece un enigma cómo sea posible enlazar la tendencia a emancipar al individuo de los lazos que le unen al mundo, propia del calvinismo, con la indudable superioridad del calvinismo en la organización social. Ello es una consecuencia del matiz que adquirió el cristiano amor al prójimo. Bajo la presión del aislamiento interior del individuo realizado por la fe calvinista. (pág. 129).
Así pues, el trabajo social del calvinista, en su acepción más simple desprovista de connotaciones contemporáneas, en el mundo, se hace para la gloria de Dios; y lo mismo ocurre con la ética profesional. Por tanto, su primera manifestación es el cumplimiento de las tareas profesionales impuestas por la ley natural, con un carácter objetivo e impersonal. El segundo rasgo del calvinismo es el desconocimiento del dualismo entre el individuo y la ética, a pesar de que éste pone al individuo a solas consigo mismo en lo que a cuestiones religiosas se refiere; ahí radica la fuente del carácter utilitarista de la ética calvinista y de los más característicos aspectos de la concepción profesional del calvinismo. Esta religiosidad, de marcada tendencia mística, no solo es perfectamente compatible con un sentido marcadamente realista, sino que incluso puede constituir su más firme apoyo por su incompatibilidad con las doctrinas dialécticas.
El calvinista no acepta una efectiva penetración de lo divino en el alma por la absoluta trascendencia de Dios sobre lo creado. El hombre puede asegurarse de su estado de gracia sintiéndose o como recipiente o como instrumento del poder divino; en el primer caso, su vida tenderá a cultivar el sentimiento místico; en el segundo, propenderá al obrar ascético. Lutero se aproxima al primer tipo y el calvinismo pertenece al segundo. Para apreciar el espíritu religioso del calvinismo, Weber hace una relación, algo ingenua, con ese mismo espíritu en la Edad Media al día; cumplía, por de pronto, sus deberes tradicionales y realizaba además ciertas buenas obras que solían realizarse, con el fin, por ejemplo de repara ciertos pecados, o por influencia del clero, o sobre todo, en las proximidades de la muerte, como una especie de prima de seguro. Naturalmente, la ética católica era “ética de la intención”.
Sin embargo, el Dios del calvinista no exigía de sus fieles la realización de tales o cuales buenas obras, sino una santidad en el obrar elevada a sistema; así, el penitente posee una regla segura con la que sabe a qué atenerse exactamente, y por la cual orienta y dirige toda su vida. Prudente, alerta y precavido, vive con arreglo a la ley. (pág. 149).
No es extraño que se diese el nombre de metodistas a los adeptos del último gran renacimiento de las ideas puritanas en el siglo XVIII, así como el siglo XVII se había aplicado a sus antecesores espirituales la calificación análoga de precisistas, pues los afectos de la ascensión del hombre, sólo podían lograrse mediante una transformación del sentido de la vida en cada hora y en cada acción. El ascetismo puritano racional, trabaja ahora por capacitar alos hombres en la afirmación de sus motivos constantes frente a los afectos. La finalidad era poder llevar una vida alerta, clara y consciente. Esta metodización explica la mayor capacidad del calvinismo frente al luteranismo de asegurar la consistencia de la Iglesia reformada. Se ponen barreras a la huida ascética del mundo. Pero el calvinismo añadió algo positivo en el curso de su evolución: la idea de la necesidad de comprobar la fe en la vida profesional.
Las semejanzas externas entre la sistematización de la conducta ética del calvinismo y la racionalización católica de la vida, está en la manera como el cristiano puritano preciso controlaba de continuo su estado de gracia. El cristiano reformado se “tomaba el pulso” sin más ayuda que la suya propia. En consecuencia la metodización de la conducta ética, impuesta por el calvinismo era una penetrante cristianización de toda la existencia y en esto radica la característica más decisiva de la reforma calvinista. El metodismo fue la que, en la época decisiva del siglo XVII, sostuvo en los activos representados de la vida santa, la idea de que constituían instrumentos de Dios, y ejecutores de sus providenciales designios. La idea de la comprobación de la fe, es estudiada desde la predestinación y su práctico alcance para la vida como elemento constituyente de ésta.
Desde el punto de vista histórico, la idea de la predestinación constituye el punto de partida de aquella dirección ascética que se suele designar corrientemente como pietismo y mientras este movimiento se mantuvo en el seno de la Iglesia reformada, es casi imposible trazar un límite preciso entre los calvinistas pietistas y no pietistas. Incluso el pietismo continental reformado constituía una exacerbación del ascetismo reformado.
Dentro del pietismo, el elemento ascético - racional mantuvo la primacía sobre el factor sentimental, estando en vigencia las ideas de que el signo del estado de gracia consiste en el desenvolvimiento de la propia santificación en el sentido de una consolidación y perfección creciente, controlables por la ley.
En definitiva podemos decir que el valor específico de la confraternidad, a diferencia de las otras Iglesias, radica, precisamente, en la actividad de la vida cristiana en la misión y, consiguientemente, en el trabajo profesional; pero en palabras de Weber, no debe verse en este factor sentimental lo específico del pietismo frente al luteranismo, pero, en comparación con el calvinismo, el grado de racionalización de la vida era mucho menor. En conjunto, la evolución del pietismo se orientó en el sentido de una creciente acentuación del factor sentimental. Las virtudes que cultivaban el pietismo eran distintas de las que podía provocar el “probo” funcionario, empleado, trabajador o artesano o el patrono de sentido patriarcal con sencillez grata a Dios; el calvinismo parece mucho más cercano al frío espíritu jurídico y activo del empresario burgués capitalista.
Los efectos que, en la vida económica, tuvo la idea puritana de la profesión han sido analizados con los varios elementos que, en conjunto, existieron y actuaron en todas las confesiones religiosas ascéticas, en eso consiste la razón de la penetrante acción económica de las minorías protestantes ascéticas, no de las católicas. El ascetismo cristiano se lanza al mercado de la vida, cierra los claustros y se dedica a impregnar con su método esa vida, a la que transforma en vida racional en el mundo...
4-. Relación entre la áscesis y el espíritu capitalista.
Que la ascética protestante se divulga y produce cambios en el funcionamiento económico y en las actitudes hacia el trabajo, ha sido demostrado durante esta exposición; y que puede ser contemplada como un intento de establecer vínculos entre la actividad económica y otras esferas de la vida social, también.
El puritanismo inglés dio a la idea de profesión su fundamentación más consecuente. El ascetismo se endereza ahora a anular toda aspiración al enriquecimiento con bienes materiales. Lo que realmente es reprobable para la moral es el descanso en la riqueza, el gozar de los bienes, con la inevitable consecuencia de ociosidad y las consiguientes desviaciones de las aspiraciones hacia una vida santa.
Además de esto, el trabajo es fundamentalmente un fin absoluto de la vida, prescrito por Dios. En definitiva, la vida profesional del hombre debe ser un ejercicio ascético y consecuente de la virtud, una comprobación del estado de gracia en la honradez, cuidado y método que se pone en el cumplimiento de la propia tarea profesional. La riqueza es reprochable en cuanto incita a la pobreza corrompida y al goce sensual de la vida, y el deseo de enriquecerse sólo es malo cuando tiene por fin asegurarse una vida despreocupada y cómoda...
En definitiva podemos concluir diciendo que desde el momento en que el ascetismo abandonó las celdas monásticas para instalarse en la vida profesional y dominar la moralidad mundana, contribuyó en lo que pudo a construir el grandioso cosmos de orden económico moderno que, vinculado a las condiciones técnicas y económicas de la producción mecánico - maquinista, determina hoy con fuerza irresistible el estilo vital de cuantos individuos nacen en él. (pág. 258).
5-. Conclusiones.
Creo que por medio de este trabajo se han encontrado los medios para reflexionar a cerca de la evolución materialista y espiritual de las sociedades modernas, y en que sentido una y otra concepción a pesar de ser opuestas están en íntima relación. Por tanto la reflexión considera el hecho de hasta que punto es posible una evolución económica paulatina y universal a partir de unos supuestos ético - religiosos, o por el contrario si el capitalismo ya no necesita ninguna consideración ética para desarrollarse aunque para ello no tenga en cuenta ciertos aspectos humanos como la convivencia o la solidaridad.
6-. Bibliografía.
  • La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Max Weber. Ed. Península 15ª edición. Barcelona. 1997.
  • Enciclopedia de las religiones. César Vidal. Ed. Planeta. 1997.
  • Pensar nuestra sociedad, Fundamentos de Sociología. Manuel García Ferrando (coord). Ed Tirant lo blanch. Valencia 1995.
  • Diccionario de sociología. G duncan Mitchell. Ed. grijalbo/referencia. Barcelona 1983

Weber's Protestant Ethic and the Spirit of Captialism

Dr Morrison Qcc Online Weber Religion

jueves, 23 de septiembre de 2010

REDES - LOS INVENTORES DEL MUNDO MODERNO

En la segunda mitad del siglo XVIII un grupo de científicos, inventores y pensadores se reunían en Birmingham. La mayoría procedían de familias humildes, y vivían alejados de los centros de poder, pero juntos iban a cambiar el mundo para siempre. Y lo sabían.
Su pasión por la ciencia era tan grande como su convicción de que debía servir para mejorar la vida de toda la humanidad. Y esto les convirtió en el motor de arranque de la madre de todas las revoluciones del siglo XVIII: la Revolución Industrial.
Mezclando ciencia, arte y comercio, estos hombres construyeron fábricas y máquinas de vapor, emplearon nuevos medicamentos, planificaron canales, hicieron elevarse globos, bautizaron plantas, descubrieron nuevos gases y minerales, y crearon objetos de belleza nueva. Cambiaron la cara de Inglaterra y la del resto del mundo. Así empezó lo que hoy conocemos como mundo moderno.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Inter-trans

Hola Nadya, leí en diagonal los artículos de La UNESCO, sobre transdisciplinariedad.
El primero me parecio descriptivo de un mínimo del estado del arte, los siguientes puntualizan
mejor el asunto. Me llamo la atención la insistencia en la necesidad de conformar multidisciplinariamente los grupos según el tema de investigación.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Transdisciplinariedad y complejidad

No sé si este Documento de debate de la UNESCO aparezca sugerido en la bibliografía del curso común, pero  me parece muy pertinente.  Dejo el enlace y a continuación el resumen, tal como aparece al inicio del del texto.
Resumen
Este volumen de la Serie Documentos de Debate MOST pretende aportar en la reflexión  sobre una perspectiva que este Programa de la UNESCO ha definido como una de sus mayores imperativos: la necesidad de interdisciplinariedad en el abordaje de campos complejos de la realidad social y la transdisciplinariedad como paradigma que orienta las acciones en el campo de la ciencia y la investigación.
Si bien el siguiente documento se ha realizado para estimular la reflexión y el debate en el marco de un encuentro internacional sobre Desarrollo Local y Gobernancia, no se define como material de debate específico a estos campos, sino que pretende ofrecerse como un estímulo en la consideración de todos aquellos que incursionan en territorios complejos, especialmente vinculados a las Ciencias Sociales y Humanas.
Este documento busca ingresar –por entradas distintas y asociadas– a las nuevas formas de producción de conocimiento, desarrollando a través de sus distintos capítulos una mirada histórica sobre pensamiento social, transdisciplinariedad e investigación. Las evoluciones y transformaciones por las que ha transitado la mirada científica en las últimas décadas son gran riqueza, provocando revoluciones en la manera como se concibe la producción del conocimiento: su epistemología, su teoría, sus métodos, sus criterios de validación y –lastt but not least– las concepciones éticas que fundamentan la práctica intelectual y científica.